El burdeos fue lo primero que María dejó claro. Es el color que lleva en los labios cada día, un tono profundo, casi vino tinto, y aunque sabía que no es habitual en una novia, insistió mucho en él: dentro de su look de boda quería verse como es ella, no como otra persona. Todo lo demás se pensó a partir de ese color.

Era una novia de Fuengirola, muy de aquí, y su boda tuvo la estética de este lugar: tradicional y andaluza, con la ceremonia en la iglesia del Rosario, en pleno centro, y la celebración en Hacienda Las Fuentes, una finca de Mijas Costa. La preparé en casa de su madre, y me encargué solo de ella, de su peluquería y de su maquillaje.

La novia llega del brazo de un familiar a la plaza de la iglesia del Rosario
Foto: Jesús Barea

Para que los labios tuvieran todo el protagonismo, se diseñó un maquillaje sencillo y atemporal, sin nada que compitiera con ese color. El peinado siguió la misma idea: un recogido pulido, limpio, que acompañaba la línea minimalista del vestido y dejaba el rostro despejado. Sobre el recogido le coloqué el velo.

Por la mañana estaba algo nerviosa, porque quería que todo saliera bien, y eso, el día de la boda, es lo más natural del mundo. Poco a poco, mientras avanzaba la preparación, fue entrando en el ritmo del día, y a partir de ahí todo salió rodado.

La novia, con su ramo y los labios burdeos, sonríe junto a una invitada en la plaza de la iglesia
Foto: Jesús Barea

Mucha gente comentó lo guapísima que estaba María: el vestido minimalista, el recogido pulido, el maquillaje sencillo y ese golpe de color en los labios, que además hacía juego con los detalles burdeos de su ramo. Era su sello personal dentro de un look de novia.

En las fotos de Jesús Barea se ve una novia tradicional, de su tierra, y a la vez reconocible a simple vista como ella misma. Años después, en Fuengirola todavía se habla de la boda de María.

Los novios con su familia y un tamborilero en la puerta de la iglesia del Rosario
Foto: Jesús Barea
Fuengirola, marzo.