Cuando la novia me llamó, yo no iba a ser su maquilladora, y además estaba de vacaciones en Cádiz. Hablamos varias veces, y en esas conversaciones fui entendiendo qué necesitaba, hasta que me di cuenta de que de verdad podía ayudarla. La conexión fue casi inmediata. Hicimos una prueba de maquillaje exprés a mi vuelta, y una semana después ya le estaba haciendo el maquillaje de novia en Finca Bellavista.
Si algo la define es la energía. Es arrolladora y tremendamente alegre, y aunque una energía así puede imponer un poco al principio, trabajar con ella fue facilísimo, porque se dejó hacer con una confianza que se agradece mucho cuando todo se ha decidido tan rápido.
Lo que quería lo tenía muy claro: verse ella misma, pero en una versión elevada para el día de su boda. No quería sentirse disfrazada de novia ni protagonista de una actuación en la que después no se reconociera. Para eso se diseñó un maquillaje soft glam, suave y muy luminoso, con un acabado glow que dejara la piel con aspecto sano.
El colorete tenía que ser rosa, porque a ella le encanta el rosa, y sobre ese acabado luminoso el tono rosado quedó precioso.
Por la noche se cambió a un segundo vestido, también blanco, pero más de fiesta: con plumas, más divertido y más suyo. Bailó, saltó y disfrutó hasta el final.
En las fotos de la noche, con el vestido de plumas y en plena fiesta, el maquillaje sigue igual que por la mañana: la piel luminosa, el colorete rosa en su sitio y ella reconociéndose en cada imagen, igual que en la prueba de maquillaje, que era justo lo que había pedido.



