La pareja venía de Nueva Zelanda. Habían cruzado medio mundo para casarse en Málaga los dos solos, sin invitados, y quedarse después unos días de vacaciones. Fue una elopement wedding, y al ser una boda así no hubo prueba previa.
Este formato de boda me parece precioso por lo auténtico que es. Queda muy lejos de la celebración de siempre, con su protocolo y cada detalle pensado de antemano, y se ciñe a lo esencial: casarse y vivir un momento bonito los dos juntos.
Los novios querían hacerse las fotos con la salida del sol, así que empecé a preparar a la novia de madrugada, en un apartamento del centro histórico de Málaga.
Para el peinado de novia pedía algo elegante y atemporal, con un punto moderno, y sobre todo que aguantara bien toda la mañana. Esa era la condición que más pesaba, porque un peinado hecho antes del amanecer tenía que llegar entero a las fotos y seguir en su sitio muchas horas después. Se diseñó un recogido a media altura, más bien alto, con la textura ondulada y algún mechón suelto. Tenía estructura, porque era lo que iba a sostenerlo toda la mañana, pero se construyó para que esa estructura no se viera forzada, y de ahí le venía el punto moderno.
El maquillaje siguió la misma línea: atemporal, natural y luminoso, pensado para la luz del amanecer y para durar todo el día.
En las fotos del amanecer, con el velo al viento en lo alto del acantilado, el recogido aguanta el viento y conserva la forma con la que salió del apartamento: las ondas en su sitio, los mechones sueltos donde se dejaron y una estructura que no se nota. La piel tiene la misma luz natural con la que empezó la mañana.




