Shirin y Reza viajaron desde Canadá para casarse en la Costa del Sol, y eligieron el Anantara Villa Padierna, en Marbella: un hotel de inspiración toscana, con fachadas rosadas, columnas y jardines de cipreses, en un entorno difícil de mejorar. Los dos son de origen iraní, y la suya fue una boda persa, desde la ceremonia hasta la música.
Aquella mañana peiné a seis mujeres: a Shirin, a su madre y a sus cuatro damas de honor, de modo que fui pasando de un peinado a otro mientras la habitación se llenaba de vestidos, de familia y de música.
La música, de hecho, fue lo que marcó la mañana. Sonó música iraní de principio a fin, y entre peinado y peinado hubo baile, risas y una alegría que no decayó en ningún momento. Las chicas estaban animadísimas, y Shirin vivía cada canción con una ilusión que le iluminaba la cara mucho antes de ponerse el vestido.
La organización corrió a cargo de Tucco Weddings, cuyas bodas suelen reunir a muchos proveedores, todos de mucho nivel. En una ocasión, Carla, su CEO, dijo algo que siempre recordaré y que hoy tengo como referencia en mi trabajo: una boda es como una salsa, en la que cada ingrediente cumple su función y solo juntos llegan a ser la salsa. La comparación no es casual, porque el nombre de la empresa nace del tuco, una salsa argentina. Eso es para mí una boda, la suma de lo que cada uno aporta, y en esta se notaba en cada rincón.
Buena parte de lo que se veía fue obra del estilismo floral de Studio8 Events, que se encargó del diseño estilístico de toda la boda, con un trabajo muy especial, de los que llaman la atención en cuanto se entra. Todo era blanco: flores blancas a lo largo del pasillo de la ceremonia, en grandes arreglos sobre pedestales de piedra, y bajo las lámparas de cristal colgadas ante la fachada del hotel. Hasta el sofreh aghd, la mesa tradicional de una boda persa, con sus candelabros de plata, sus dulces y su tela bordada, estaba vestido con las mismas flores, de modo que la tradición de los novios y el diseño de la boda hablaban el mismo idioma.
Alrededor trabajaron muchos más: la producción de Arte Puro Eventos, la tarta de Marta Pino Postres, la papelería de Papelosophie, la fotografía de Eloy and Alex y el vídeo de Reece Ives On Videography. Cada uno aportó su ingrediente, y el resultado fue una boda espectacular.
En las fotos se ve bien todo lo que ofrece el Anantara: Shirin y Reza entre columnas, fuentes y escalinatas de piedra, con el velo de la novia deslizándose por los peldaños. El vídeo recoge el resto del día, también a las damas de honor, y la fiesta que ya se adivinaba por la mañana duró hasta la noche.
Me quedo con la imagen de aquella mañana: seis mujeres bailando música iraní entre peinado y peinado, y una novia que ya estaba de fiesta antes de que empezara su boda.



